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Editorial Revista Mexicayotl - Mexicanidad

    

 

 
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La Conquista de Mexihco – Tenochtitlan (requete-resumida)
 
 

La Conquista de Mexihco – Tenochtitlan (requete-resumida)

Parte I

 Para entender este proceso histórico es necesario establecer que,  la conquista fue una confrontación de procesos civilizatorios y no solo un choque de culturas. Es decir, básicamente dos procesos humanos asíncronos, con una gran diversidad cultural cada uno. Procesos ajenos en sus formas de gobierno, en su civilidad, en su forma de vida, en sus maneras de conocer, en su espiritualidad, en su manera de inventarse. Procesos que determinan la colectividad, la comunidad y la singularidad del ser.

 Bajo esta perspectiva, Hernán Cortés pierde el peso específico que históricamente, desde las instituciones, se le ha otorgado y que ha impregnado nuestra memoria y visión, de este hecho indudablemente trascendental para el mundo; de aquel entonces y actual.

 La confronta, la debemos establecer colocando en la palestra junto a Moctecuhzoma, a Carlos Iº de España y Vº del Sacro Imperio Romano Germánico; es decir, los intereses económicos, políticos, ideológicos (incluyendo la religión, sobre todo) que determinaban la vida europea de aquel entonces y en especial del propio Carlos, así como de Mexihco-Tenochtitlan y sus características.

 Cortés llega a las costas del Golfo de México en 1519; a Cozumel el 21 de  febrero y el jueves santo 19 de abril, al islote de San Juan de Ulúa, ya ubicado por los españoles en expediciones anteriores. Para esos momentos, Carlos cumplía 19 años en medio de un proceso de entronización que ocurrió desde 1516 como Carlos 1º de España, hasta 1520 como el emperador Carlos Vº, de un vasto imperio donde el sol nunca se ocultaba.

 La vida cortesana en Flandes, Región Flamenca, en Bélgica, le permitió a Carlos conocer las ideas de Tomás Moro –tal vez conocido personal- el autor de Utopía, la ciudad ideal del reino de dios en la tierra, así como de las ideas de Dante Alighieri que lo llevó a aspirar, acariciar, la idea de la Monarquía Universal:

 “un solo príncipe para todos, cuya voluntad pueda ser dueña y directriz de todas las demás. Y, si todas las conclusiones anteriores son verdaderas, como lo son, resulta necesario que, para que el género humano se encuentre perfectamente, exista en el mundo un solo Monarca y, consecuentemente, que exista una Monarquía para bien del mundo”.

 Por otro lado, desde 1517, la iglesia apostólica y romana, estaba metida en una profunda crisis, a causa de las bulas o indulgencias que se vendían como posible salvación del purgatorio y que llevó a Martín Lutero, a publicar sus 95 tesis, ocasionando un cisma sin precedente, razón por la cual –además de la terrible corrupción- en 1521 la iglesia se dividió y sus arcas sufrieron las consecuencias y su apostolado quedó entredicho.

 Sin embargo, desde este enfoque, el hecho más significativo son las bulas Alejandrinas emitidas en 1493 (Papa Alejandro VI), nombre colectivo que se da al conjunto de documentos pontificios que otorgaron a la Corona de Castilla el derecho a conquistar América y la obligación de evangelizarla, cedidas a petición de los Reyes Católicos, cuya influencia ante el Papa Alejandro VI era lo suficientemente poderosa como para conseguirlas. Se institucionalizaba la violencia.

 Al morir Isabel I de Castilla en 1504, le sucede Juana I de Castilla, Juana la loca, apodada así, por una supuesta enfermedad mental alegada por su padre Fernando el Católico y después por su esposo Felipe de Habsburgo, el Hermoso, para apartarla del trono y mantenerla encerrada en Tordesillas de por vida, 46 años enclaustrada, hasta que falleció. Los Reyes Católicos habían ideado una estrategia de alianzas matrimoniales en Europa con el propósito de rodear a su gran enemigo, la monarquía francesa, estrategia en la que Juana no era más que un peón. La presunta "locura" de Juana obedecía, no únicamente a una conspiración política masculina, machista, patriarcal, sino que también para que, su esposo, dado el caso, o Fernando de Aragón, el rey Católico, su padre, ejercieran el control absoluto sobre Castilla. Inhabilitarla satisfacía los intereses de ambos, en medio de una corte sumida en intrigas palaciegas. Sin embargo, los dos fallecen, Felipe en 1506 y Fernando en 1516, dando paso a la sucesión de Carlos.

Con la Ley de Burgos de 1512 (el primer Código General para el Gobierno e Instrucción de los aborígenes americanos) se instaura lo que debiera ser la Ética de la conquista o Moral de los conquistadores y que, muy resumidamente a la letra dice: “atender la convivencia con los indígenas y salvación de sus almas”.

En las américas, en las Antillas, casi inmediatamente después del primer arribo de Colón, las expediciones militares de ocupación, construyeron puertos, villas, ciudades, sometiendo, imponiendo, despreciando, ignorando la otredad. Así, se forjó, entre otras islas, nuestra querida Cuba. Su primer gobernador fue Diego Velázquez, quien asume el cargo en 1511. Su misión, era conseguir oro e indios y claro, cristianizarlos. En Cuba no había oro, y los indios que hubo, fueron prácticamente exterminados entre genocidio y enfermedades. Era necesario ir más allá, el quinto real  lo exigía.

Diego Velázquez propicia y auspicia, en su totalidad, las expediciones hacia lo que sería La Nueva España, México[1].

La primera expedición. Como Capitán General Francisco Hernández de Córdoba el 8 de febrero de 1517, con ciento diez hombres y tres pilotos; Antón de Alaminos, Camacho de Triana  y Juan Álvarez. En esta expedición, es cuando saben de Yucatán y Campeche y se percatan de la riqueza de tierra firme. 

Llegan a Yucatán, a Cabo Catoche, y son invitados por algún cacique a internarse al pueblo y caen en una celada, se confrontan y resultan por parte de ellos, quince heridos de flecha, y de los indios quince muertos. Se internan un poco más y descubren un caserío abandonado, donde hay algo de oro lo sustraen y se congratulan por el hallazgo de nuevas y ricas tierras. En la escaramuza prenden a dos indios bizcos con el fin de hacerlos intérpretes, que les llamaban lenguas, y subido el oro a los barcos, el preciado botín, deciden continuar.

En Campeche desembarcan a abastecerse de agua, cerca de un pueblo, donde un contingente de indios los invita a adentrarse. Ya ahí, los llevaron a uno de sus edificios, donde habían sacrificado a varios indios, para que les diesen victoria sobre ellos y que, para retirarse de ahí, les daban el tiempo en que ardiera la leña sobre el fuego. Con temor acordaron ir a la costa y caminar por la playa hasta abordar sus navíos.

Durante seis días navegaron, pero fueron alcanzados por un fuerte norte que duró cuatro días más y los hizo anclar. Con el tiempo en calma, sedientos desembarcaron en un pueblo llamado Potonchan con la idea de llenar sus pipas con agua, y en eso estaban, cuando muchos indios se acercaban sigilosamente en dirección a ellos, y a  señas preguntaban de dónde venían; más allá de donde se pone el sol, respondieron con las mismas. Los indios se alejaron y por la tarde noche, a lo lejos sobre la costa, vieron como se reunían, más y más en un caserío, y eso no les dio  confianza. Al amanecer vieron venir con mucho estruendo escuadrones guerreros, los cercaron por todas partes y les rociaron flechas, lanzas, piedras, hiriendo a no menos de ochenta. Como pudieron subieron a los botes y como eran muchos, los botes se hundían y entre guindados de los botes y nadando llegaron a uno de los navíos. Ya embarcados, hicieron control de daños  y hallaron que faltaban cincuenta y siete compañeros. Al Capitán, Francisco Hernández, le dieron doce flechazos. Acordaron regresar a la Isla de Cuba, a la Habana, a través de la ruta de la Florida.

Haciéndole saber a Diego Velázquez que habíamos descubierto tierras de grandes poblaciones, y casas de cal y canto, y que sus gentes andaban vestidos de ropa de algodón, y cubiertas sus vergüenzas, y tenían oro y labranzas de maizales, la felicidad lo embargó y de inmediato escribe a Castilla, para adjudicarse el hallazgo en función de la inversión económica ejercida, sin mencionar, ni el esfuerzo de la soldadesca, ni la cuota de sangre derramada por Hernández de Córdoba, quien muere a su regreso a Cuba, y más de la mitad de soldados fallecidos. Se conoce su villanía y la discordia se hace presente.

La segunda expedición, ya con la hoguera de la codicia prendida y con 240 hombres reclutados, con el corazón henchido por la emoción de poblar y obtener riquezas, oro, a costa de la vida misma, Juan de Grijalva como Capitán General, iza velas el 5 de abril de 1518 con Pedro de Alvarado, Francisco de Montejo y Alonso de Ávila, como capitanes de navío. La travesía los llevó a Cozumel, donde rescatan a una india jamaiquina y les cuenta del sacrificio a los ídolos, del que fue objeto su esposo y compañeros pescadores; diez en total. Champotón, donde nuevamente son enfrentados y socavados; tres muertos y sesenta heridos.

Continúan hacia Laguna de Términos y en Tabasco, son advertidos de que el oro se encontraba en Acolhua, México. Toman ruta a Coatzacoalcos, Tlacotalpan, y llegan a  Boca del Río, y le llamaron río de Vanderas, donde se encuentran con emisarios de Moctecuhzoma con quienes truecan importantes cantidades de oro y se percatan que ya saben de sus embates, incluso de la expedición previa, la de Hernández de Córdoba, en Potonchan.

Seis días después levantan el campamento y deciden continuar. Muy pronto, encuentran y dan nombre a Isla de en Medio, Isla Blanca, por el color de su arena. Junto, muy cerca, Isla de Sacrificios, llamada así, por haber encontrado los restos de cinco indios, sacrificados por la noche, abiertos por los pechos, y cortados brazos y muslos, y las paredes llenas de sangre. Más adelante tropezaron con otra isleta, hoy San Juan de Ulúa, y un 24 de junio del 1518, desembarcaron frente a ella en unos arenales, donde se encuentran con el sacrificio de dos muchachos, abiertos por los pechos. Siete días pasan ahí, trocando el poco oro que los indios traían, en medio de nubes de mosquitos y seguramente con un calor infernal.

Para ese momento ya tenían por cierto que esas tierras no eran islas, sino tierra firme habitada por grandes núcleos poblacionales en posesión de mucho oro, riquezas. Con sus abastecimientos menguados y con diez soldados menos, muertos, y cuatro más, dolientes, concluyen que, con la tropa restante era imposible intentar poblar (ocupar territorio) y por tanto, necesario enviar a alguien, a Pedro de Alvarado en un navío a Cuba, con los soldados heridos y todo el oro acopiado, solicitando auxilio al Gobernador Velázquez. Sin embargo, éste, con la ansiedad de saber del resultado de la expedición ya había enviado un pequeño navío, con siete hombres al mando de Cristóbal de Olid, pero sin éxito debido a un temporal que les obligó regresar a Cuba.

Por fin, para regocijo de todos pero principalmente del  Gobernador, Pedro de Alvarado arribó al puerto con oro, ropa y heridos. Cuando los Oficiales del Rey tomaron el Real quinto, se sorprendieron de la riqueza de las tierras que habían descubierto. Durante los ocho días siguientes, la algarabía y fiestas se apoderaron de Cuba. No obstante la bulla y muestras de afecto a Pedro de Alvarado, Diego Velázquez temió que éste, hiciera relación a su Majestad y le hurtara la bendición por el oro y tierras descubiertas, así que envió a Castilla, a Benito Martínez con cartas y probanzas. En tanto, en San Juan de Ulúa, el capitán Juan Grijalva decidió continuar el periplo y partió costeando hasta llegar a Tuxpan, luego por Pánuco, donde son rechazados a tiro de flecha y lanza, hasta regresar a Cuba.

Este es el escenario en el que Velázquez nombra a Hernán Cortés; una codicia desenfrenada, y traiciones, para asegurar con España sus glorias.

Todo esto pesaba sobre las espaldas de Hernán Cortés y sus actos empresariales, y que explica toda su burocrática tramitología; nombrarse capitán y nombrar alcalde, regidores, alguaciles, tesorero y alférez, al fundar el ayuntamiento de Veracruz en San Juan de Ulúa; un tanto para desvincularse del gobernador de Cuba, Juan Velázquez, como para cubrirse las espaldas ante el imperio y su Ética, con un discurso de descalificación a los pueblos que estaba por someter. Este era el contexto europeo que circundaba a Hernán Cortés en su arribo a las costas del Golfo de México.

El territorio que, a la vista se extendía desde las playas de chalchihuecan hasta más allá de la punta del volcán Citlaltépetl -que hoy denominamos Pico de Orizaba- residían decenas de nacionalidades con fuerte presencia del poderío de la Tripe Alianza, llamada Excan Tlahtolloyan [Mexihco/Tenochtitlan, Texcoco (Acolhua) y Tlacopan (Tacuba)], de quienes Cortés tuvo conocimiento a través de sus lenguas, intérpretes; Jerónimo de Aguilar  (naufrago y sobreviviente, junto con Gonzalo Guerrero quien optó ser parcial a los mayas cuando se intentó su rescate, de una expedición comandada por Juan Valdivia en agosto de 1511) y Malinalli, Marina, o como realmente se llamase. De su nombre verdadero no hay noticias puesto que, Malinche le decían al propio Hernán como calificativo por mentiroso, falso, lengua torcida, el que enreda -aunque él lo festejase cuando le recibían con tal mote, tal y como afirmara Francisco López de Gómara en su Historia de la conquista de México, como también Bernal Díaz del Castillo en su Historia Verdadera de la conquista de la Nueva España).

La Excan Tlahtolloyan[2] era una arraigada forma de gobierno en Mesoamérica, una institución de equilibrio político regional que, encuentra muy lejanos antecedentes en el tiempo. En el año 856, se expresó con la alianza de Culhuacan, Tollan y Otompan. Años posteriores, en sumisión, Xochimilco, Cuitláhuac, Mízquic, Coyohuacan, Ocuillan y Malinalco, cada una era tlahtocáyotl y todas las seis obedecían la primacía del gobierno de Culhuacan. Sus características; el cambio de sede de mando; alianza militar con fines hegemónicos; distribución de tributarios y tributos; auxilio en la construcción de obras públicas; empoderamiento, por reconocimiento de los pares; ordenamiento político regional; poder judicial sobre todo el territorio;

“Dicho modelo de organización político, territorial y económico no fue exclusivo en la Cuenca de México, sino que se observa también en diferentes áreas y momentos. Así, pueden citarse los casos de otras alianzas conocidas, como por ejemplo: la de Tollan, Culhuacan y Otompan; luego Azcapotzalco, Culhuacan y Coatlinchan en la cuenca lacustre. Mayapán, Uxmal y Chichén Itzá primero y Mayapán, Izamal y Chichén Itzá después, en el norte de la península de Yucatán. En el occidente de México, Tzintzuntzan, Pátzcuaro e Ihuatzio. Aunque es sumamente difícil saber cuál fue el papel de cada uno de los centros en estas alianzas, cómo se establecieron y cómo fueron reconocidas como legítimas, si es que lo fueron, por otros centros a través de conquistas… De esta manera, sólo algunos de estos centros, en un momento dado, eran tlatocáyotl, formado éste por un pueblo o un conjunto de pueblos que reconocían una autoridad única, es decir, al tlatoani del centro dominante”[3]

“El término que utilizaban los nahuas para referirse a sus ciudades era altepetl o cerro del agua. Cuando el altepetl obtenía un tlatoani, como los mexicas en 1375, éste se convertía en un tlatocáyotl o señorío. Después de que la Triple Alianza derrotó a los tepanecas (1428) la sociedad mexica se estratificó mucho más y la élite gobernante centralizó los frutos de la victoria en sus manos. A la par que se extendía el imperio, el huey tlatoani y los pipiltin que participaban directamente en el gobierno –los tetecuhtin- fueron adquiriendo más poder. El cargo de tlatoani era vitalicio y un consejo electoral de más de 100 integrantes elegía entre los miembros de la familia del sucesor….”[4]

Como resultado de la permanencia de la Sede de Mando de la Triple Alianza en Mexihco-Tenochtitlan, el militarismo se impuso como estrategia de vida y los tributos y tributarios se incrementaron. Los Tlahtoani tenían que cubrir las expectativas de expansión del Huey Altepetl, con campañas militares exitosas, tal y como lo hizo el linaje de los mexicah, desde Moctecuhzoma Ilhuicamina, hasta Tizoc en 1483, quien las pocas campañas militares, acompañadas del tufo de posibles derrotas, sembró un cierto resquemor a su carácter poco pendenciero. Se presume que murió envenenado por unas cocineras contratadas por algunos señores del Huey Altepetl. Noticias que hay de él, esbozan de él, un hombre retraído, silencioso, astrónomo o religioso. Nada menor este magnicidio en los ánimos de una nación.

En 1516 la Triple Alianza, con sede de mando en Mexihco-Tenochtitlan y como Huey-Tlahtoani a Moctecuhzoma Xocoyotzin, sufre una fuerte ruptura desde el altepetl de Acolhua, de Texcoco, debido a las aspiraciones de Ixtlixochitl -nieto de Netzahualcóyotl e hijo de Netzahualpilli- de asumir el mando Texcocano, en contraposición a su medio hermano Cacamatzin, a quien apoyó Moctecuhzoma, por ser hijo de su hermana Chalchiuhnenetzin. Ixtlixochitl se rebela desconociéndolo.

“Se apodera de Otumba después de haber derrotado su señorío, mientras que en Texcoco sus hermanos Cacamatzin y Coanacotzin comenzaron a fortificarse. Se hace fuerte en Huehuetoca, Zumpango, Tecamac, Acolman y Papalotla, y pese a ser apoyado por los pueblos del este de Tlaxcala y Cholula, no logró derrocar a su hermano, y sustentó la lucha hasta la llegada de los españoles.”[5]

Cuando los emisarios de Moctecuhzoma fueron al encuentro de Cortés en el islote de San Juan de Ulúa, el 22 de abril de 1519, domingo de ramos, estos y por supuesto el propio Moctecuhzoma, ya tenían de conocimiento los enfrentamientos previos de la armada española con mayas y tabasqueños, y tal vez, un perfil de los extranjeros y animales que les acompañaban, que se vio enriquecida con la labor de los dibujantes traídos por los emisarios. En esta ocasión, Cortés, solicitó un encuentro con el Tlahtoani mexica, a lo que tales, respondieron señalando su impertinencia por tal solicitud y después de entregar los obsequios y bastimentos, así como servidumbre para facilitar el apostamiento en el islote, se marcharon con la encomienda de notificar a Moctecuhzoma la intención y deseo de Cortés de ir a su encuentro. En su segunda visita, siete o seis días después, los emisarios entregaron, además de bastimentos, tres piezas que destacan y que, a la letra de Bernal Díaz del Castillo nos dice de dos de ellas:

… mandó sacar el presente que traian encima de unas esteras que llaman petates, y tendidas otras mantas de algodon encima dellas, lo primero que dió fué una rueda de hechura de Sol tan grande como de una carreta, con muchas labores, todo de oro muy fino, gran obra de mirar, que valia á lo que despues dixéron que le habian pesado sobre veinte mil pesos de oro; otra mayor rueda de plata, figurada la Luna, con muchos resplandores y otras figuras en ella, y ésta era de gran peso,…

 Continúa....



[1] Dra. Adris Díaz Fernández ( https://youtu.be/ySvTiq_nlIM?t=3221

[2] El nombre náhuatl de la Triple Alianza, María del Carmen Herrera Meza, Alfredo López Austin, Rodrigo Martínez Baracs

[3] Battcock, Clementina, “La conformación de la última ‘Triple Alianza’ en la Cuenca de México: problemas, interrogantes y propuestas”, en Dimensión Antropológica, vol. 52, mayo-agosto, 2011, pp. 7-30. Disponible en: http://www.dimensionantropologica.inah.gob.mx/?p=6931

[4] https://portalacademico.cch.unam.mx//historiademexico1/unidad2/culturamexica/estado

[5] https://pueblosoriginarios.com/biografias/ixtli_II.html

 
 

 
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