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Editorial Revista Mexicayotl - Mexicanidad

    

 

  Xipe Totec, representa  la fertilidad, de la primavera y de la renovación.
Xipe Totec, representa la fertilidad, de la primavera y de la renovación."
 
5ª Transformación
 
 

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Cuaderno de trabajo. ver 1.0

Pedro José Bravo Martínez  / Isael Petronio Cantú Nájera

Firmas

Adriana Martinez
Álvaro Brizuela Absalón
Arturo Velázquez Barragán
Blanca Celia Mendoza Ramírez
Carmen Chavarria
Daniel Nahmad Molinari
Eduardo Núñez Ochoa
Elda Josefa Flores Cobos
Emanuel Paniagua
Genaro Guevara Cortina
Hilda Beverido Sutaeta
Isael Petronio Cantú Nájera
Jaime Fisher
Jerónimo Hernández Mejía
Jose Maria Gutierrez Parra
Luisa Quiahuitl Xochitl Mendoza Ramírez
María Teresa Olivera Carrasco
Marina De Los Angeles Sandoval Aguilar
Martha Mónica Hernández Abascal
Michel Caron
Nataly Pineda
Paulina Beverido Sustaeta
Pedro José Bravo Martínez
Rafael Alfonso Sanchez Casas
Yesenia A Muñoz Páez

Firmar aquí por la cancelación del NAICM en Texcoco





Sólo 290 zonas conurbanas en el planeta, consumen cerca del 79% del total de la energía generada mundialmente, lo cual grosso modo, equivale a un tercio de la población del mundo y donde, un poco más de una de las dos terceras partes restantes, por algún causa, no pueden acceder al consumo de ella, originando históricamente desequilibrios entre el campo y la ciudad, así como sobreexplotación de la naturaleza y marginación social.

El empobrecimiento de la vida rural en favor de la vida urbana moderna altamente tecnificada, poblada y con eficientes servicios ha producido fenómenos de concentración del “bienestar” social, riqueza y centralización de los poderes políticos -progreso. Un modelo de vida que rivaliza con los plazos que la naturaleza da a sus procesos de autorregulación generando depredación. La vida urbana moderna es el modelo, el plan, la forma de vida, la cosmovisión que impera, a pesar de sus altos costos e iniquidades[1].

En nuestro país, México, los megaproyectos, el industrialismo como mentalidad en la creación de “polos” de desarrollo, aunada a la idea perversa de la petrolización de la economía, dio por resultado el abandono del campo y la persistente migración a las ciudades -impulsión y expulsión. La CDMX es el mayor ejemplo y hoy está amenazada, una vez más, con una catástrofe sin precedentes por la construcción de un aeropuerto en el lago de Texcoco, además de profundizar en la concentración de servicios, infraestructura y toma de decisiones en función del capital financiero.

Desde tiempos inmemoriales, el crecimiento de las ciudades fue preocupación de las más grandes culturas. Los griegos vieron horrorizados el desmesurado y caótico crecer de sus ciudades; tal que el propio Aristóteles llegó a plantear que el número ideal de habitantes de una ciudad debería ser de ¡Cinco mil! y generaron el sueño: Arcadia en tiempos griegos y mucho después, Utopía, a sólo 24 años del “descubrimiento de América”, ciudades ideales[2]. Ambas, construidas en torno a la organización social y el poder. 

En Mesoamérica no fue así. Las ciudades como Teotihuacan, Chichén Itza, Monte Albán, la misma Tenochtitlan y otras muchas más, y en su momento denominadas Tollan y en el proceso de su formación, fueron concebidas bajo la reflexión de los fenómenos astronómicos cíclicos que, forjaron una concepción integral del hombre. Se trata de un continuum civilizatorio de, por lo menos, 5 200 años anteriores y que, en términos de la cultura nahua, podía ser entendido como: el cosmos, Ilhuicatl; el territorio, Tlalticpac; y el tránsito del individuo, de los astros y de las cosas vivas que mueren para su resurgir, el Mictlan.


Tenochtitlan era una ciudad isla, se conectaba con las riberas a través de tres calzadas: la de Iztapalapa (actualmente calzada de Tlalpan y av. San Antonio Abad), la de Tlacopan (actualmente calzada de México-Tacuba), y la de Tepeyácac (actualmente Calzada de los Misterios). El tráfico y los embarcaderos estaban rigurosamente ordenados. Las principales avenidas de acceso contaban con puentes levadizos para dejar pasar a las canoas.


  





Al instalar un aeropuerto más en el vaso de Texcoco, la ciudad de México, Tenochtitlan, perderá los horizontes que fueron referencias y sobre las que se construyó el saber astronómico que utilizaron los Mexicah para fundarla el 26 de julio de 1325, en el segundo paso cenital. 


Fenómeno astronómico que fue acompañado cinco días después, por el brillante espectáculo matutino que ofreció la salida conjunta de Venus, Júpiter y Saturno



Conjunción que se repite cada 696 años y que, el próximo 2 de febrero del 2021 se verá por el oriente al amanecer, y el 12 de diciembre del mismo año por el poniente al atardecer. 


Todo eso se acabará para siempre por la acción depredadora del hombre.

El mayor daño que puede sufrir un pueblo es aniquilar su memoria; dejar de saber quién fue, quien es y adonde se dirige.

Además, hay que recordar los efectos devastadores por la huella antropogénica en el calentamiento global y en el orden climático del planeta; la CDMX es lábil frente a este desequilibrio manifiesto, y aun más, si se pone un aeropuerto en la zona de mitigación y equilibrio hídrico del viejo Lago de Texcoco.

El nuevo aeropuerto de la ciudad de México y toda mega obra que se hace en el país y en cualquier parte del mundo, se convierte en una huida hacia la nada; lejos de modelar una calidad de vida digna, arrastra al hombre al excidio ecológico.

Estamos ante el problema planetario de mayor envergadura porque su solución significa cambios drásticos, cambios civilizatorios profundos en nuestra forma de vida; a la forma en que hemos venido produciendo, consumiendo, construyendo nuestras sociedades privilegiando la vida urbana y su “confort”.



[1] Maldad, injusticia grande

[2] Arcadia, el pueblo del dios Pan, donde reinaba la felicidad, la paz, donde  en un ambiente idílico era habitado por una población de pastores viviendo en comunión con la naturaleza. No obstante, los griegos paulatinamente fueron abandonando sus pueblos y empezaron a sufrir los problemas de la corrupción y la ruptura de sus lazos sociales y  empezaron a añorar el retorno a la feliz Arcadia. Con el tiempo, poetas, filósofos y escritores (Jocopo Sannazaro, Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Sir Phillip Sidney, Nicolas Poussin y Friedrich Schiller)  moldearon y consolidaron la idea mítica de Arcadia y la necesidad de regresar a ese mundo edénico.

Utopía, construida en el diálogo a la manera de Platón, entre Tomás Moro, ciudadano y sheriff de Londres con el viajero Rafael Hitlodeo, quien acompañó a Américo Vespucci en tres de los cuatro viajes que ya todo el mundo conoce y que en el último de ellos ya no quiso volver, relató a Tomás Moro sus periplos al abandonar la empresa del florentino y viajar al azar, sin rumbo, y conocer extraños reinados donde el sentido de justicia y convivencia social, cuestionaba por mucho a la Europa de aquel entonces.


 
 

 
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