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La perspectiva inherente, junto y cerca, que está detrás de estas líneas
 
 
   
 
 

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Para abordar el conjunto de problemáticas planteado aquí, fue ineludible profundizar en el concepto de Mesoamérica y, al hacerlo, igualmente ineludible fue hablar del Anáhuac como concepto allegado (junto y cerca, intrínseco, para definir el territorio) a uno de los pueblos originarios más antiguos: el mundo nahua. Lo hicimos no con el ánimo de restaurar el concepto, sino esperando que nos ofreciera una visión de largo alcance, tomado como depositario de una complejidad de pensamiento que en su momento sintetizó ciencia, técnica e ideología de lo que conocemos como Mesoamérica y que, además, nos permitiera desentrañar, reconstruir, descolonizar y decodificar un pensamiento y una epistemología avasallados y arrasados, pero aún vivos y pertenecientes a nuestros pueblos originarios.

Mesoamérica ha sido un concepto utilizado por la ciencia para delimitar el territorio donde, milenios antes del arribo de la armada española, se maduraron procesos civilizatorios que forjaron su diversidad cultural. Sin embargo, al momento de la aparición de los invasores, el territorio, desde la perspectiva de los vencidos y de la gran mayoría de sus aliados y enemigos autóctonos, tenía un nombre: Anáhuac o Cem-Anáhuac, “lo que enteramente está rodeado por agua”. Al escudriñar en sus fundamentos, poco a poco arribamos a uno de los enigmas más polémicos de las culturas de Mesoamérica: su sistema calendárico, específicamente el entreveramiento del xiuhpohualli (calendario cívico de 360 días o “cuenta de lo luminoso”, más cinco días llamados nemontemi) y el tonalpohualli (calendario adivinatorio de 260 días o “cuenta de lo esencial”) vistos desde su expresión matemática, numérica.

Advierto que mi desarrollo profesional, oficio y formación han estado ligados a la sistematización de datos, a la computación, a la informática, al desarrollo de sistemas, y que por ello me siento un tanto profano al abordar estos temas (sentimiento acompañado de respeto, admiración y asombro ante un pensamiento poblado de sabiduría y universalidad). Digo esto no como justificación, sino para establecer la perspectiva inherente, junto y cerca, que está detrás de estas líneas.

Las actuales facilidades que proporciona el desarrollo de la computación me han permitido sumergirme en una profusa información, en datos que hace unos cuantos años eran inasequibles, imposibles de obtener. Me refiero a documentos como las copias originales de las Relaciones de Michoacán de Fray Jerónimo de Alcalá; a los libros Chilam Balam de Chumayel, Monarquía Indiana de Juan de Torquemada, Historia de las Indias de Nueva España y islas de Tierra Firme del padre Fray Diego Durán y Crónica Mexicáyotl de Fernando Alvarado Tezozómoc, entre otros. Así mismo tuve acceso a: los códices Aubin, Borbónico, Borgia, Cospi, Fejérváry, Laud, Nuttall, Vaticano, Colombino, Dresde, Egerton, Huexotzinco, Magliabechiano y otros; igualmente, a una vasta bibliografía de los más connotados arqueólogos, antropólogos, etnólogos e historiadores; a un sinfín de tesis de doctorado, maestría y licenciatura; y, por supuesto, a ensayos, artículos, reportajes, audios y videos.

He podido construir un gran banco de datos cuyo desarrollo se encuentra en la fase de organización contextual, para que así pueda responder a preguntas contextuales. La investigación documental se ha facilitado enormemente y ha abierto más espacio al análisis. Cada ciencia o dominio de conocimiento —ya lo dijo Descartes en su Recurso del método— tiene alguna forma para construir su objeto de estudio y, añado, otra para relacionarse con este.

En el desarrollo de sistemas, una de las disciplinas de las ciencias computacionales, delimitar el ámbito es el primer paso, para después establecer las relaciones entre los diferentes elementos que integran el sistema, así como entre los procesos y los flujos de información que se generan, identificando los datos que son resultado o fuente, y los documentos o dispositivos que lo registran. Es al elaborar el diccionario de datos cuando podemos establecer las tablas y sus relaciones, y a través de algoritmos representados en lenguajes computacionales seleccionamos registros al momento de alguna pregunta.

Todo esto es para decir que identificamos ciclos y hacemos conteos, algunos matemáticos y otros de decisiones lógicas. Justo como los astrónomos mesoamericanos desarrollaban sus actividades en relación con el cosmos, de esa manera me planto ante los calendarios para su análisis. Es un intento de interpretar no su dimensión semiótica, sino la lógica matemática presente en su conteo, y su relación con eventos astronómicos, con los ciclos astrales.

 

Pedro José Bravo Martínez

Xalapa-Enríquez, Veracruz-Llave

 
   
   

 
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