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Laguna Verde: Historial negro de una planta nuclear
 
 
   
 
 

La historia de la Central Nuclear de Laguna Verde se remonta a 1972. En ese año, los promotores de la energía nuclear planearon la construcción de una planta que tendría como objetivo producir electricidad. Sin embargo, debido a varios retrasos, la central no estuvo lista hasta fines de la década de los 80. 

El 20 de junio de 1988, la Comisión Federal de Electricidad y la empresa General Electric anunciaron el inicio de las pruebas finales de la planta. Información publicada en diversos periódicos daba cuenta de las fallas de origen de la planta. Por ejemplo, se dio a conocer que General Electric fabricó para Laguna Verde un reactor Mark II, pese a que este modelo había sido descontinuado en Estados Unidos por sus fallas.

Las pruebas finales, que deberían durar 188 días, se llevaron 785 días. Finalmente la planta se abrió el 14 de abril de 1990.

En el capítulo diez (“La Revolución verde: El movimiento ambientalista mexicano”) del libro La defensa de la tierra del jaguar. Una historia de conservación en México (1999), Lane Simonian aborda el negro historial de la Central Nuclear de Laguna Verde:

“El 25 de noviembre de 1989 y el 27 de abril de 1990 [13 días después de la apertura de la central] se escapó vapor radiactivo, conteniendo Cesio 137 y Estroncio 90, debido a una fisura en la tubería de circulación principal. En diciembre de 1989, 130 mil litros de agua radioactiva fueron descargados en un lago de agua salada cercano. Los pescadores de Veracruz alegaron una caída en la producción de camarón en él.

El 27 de enero de 1987, diez mil personas y veinticinco grupos ambientalistas participaron en una clausura simbólica de la planta. Los ambientalistas pusieron en duda la prudencia de gastar 3 mil 500 millones de dólares en una planta que duraría cuando mucho 30 años. 

Considerándolo como de mayor consecuencia, también cuestionaron la cordura de los funcionarios del gobierno, al ubicar la planta en un lugar con una falla geológica, en una de las regiones más densamente pobladas de México. Además, existía el complicado asunto de como disponer de los desechos radioactivos. Conforme a los funcionarios encargados, los desechos podrían ser almacenados con seguridad en una cueva especialmente construida. Los ambientalistas ponían en duda que se pudiera encontrar cualquier sistema seguro, y pedían al gobierno que abandonara la energía nuclear en favor de otras fuentes de energía, más seguras y baratas, como la solar y la eólica…

Otro grupo que protestó contra la planta fue el de las Madres veracruzanas. Estas mujeres llamaron la atención hacia el peligro que la planta representaba para la vida humana y no humana de la región. 

Carlos Salinas de Gortari [entonces presidente de México] prometió a las Madres de Veracruz que ordenaría una auditoría imparcial en la planta para determinar si debería ponerse a trabajar de lleno, o bien clausurarse permanentemente. Sin embargo, Salinas escogió, para hacer la auditoría, a Manuel López Rodríguez, cuya imparcialidad estaba comprometida por tres factores: era un promotor de la energía nuclear en España, era amigo de Juan Eibenshuzt, quien era el padre de la planta, y tenía relaciones con Hidroeléctrica Española, S.A., uno de los contratistas de Laguna Verde. Por ello, no fue sorpresa que López Rodríguez declarara a Laguna Verde segura para su operación. Las Madres de Veracruz habían presionado a Salinas para hacer la auditoría, pero no pudieron obligarlo a hacer una honesta...

Ni la iglesia, ni los pescadores, ni las madres ni los grupos ambientalistas pudieron persuadir al gobierno de que descartara Laguna Verde, el cual había invertido mucho dinero y prestigio para echarse para atrás.

En 1990 comenzó a funcionar el primer reactor nuclear de Laguna Verde; cinco años después se puso en marcha el segundo. Desde su inauguración, la central nuclear se ha caracterizado por esconder información e ignorar el descontento de la población y las organizaciones no gubernamentales que ponen en duda su buen funcionamiento.

El periodista Diego Ceballos, de la agencia de noticias Interpress Service, realizó en febrero de 2002 un reportaje en el que señala que la cronología de irregularidades en la planta nuclear comienza en 1987, cuando el director de la construcción declaró públicamente que no había control de calidad en su edificación. Esto se suma a testimonios de ex trabajadores recogidos por diversas organizaciones en donde se indica que la central sufre repetidas interrupciones y que hay fallas en las instalaciones.

Estas fallas fueron documentadas en el informe elaborado por la Asociación Mundial de Operadores Nucleares (WANO, por sus siglas en inglés), elaborado a finales de 1999. Autoridades de Laguna Verde se han negado a difundir este documento, sin embargo, Greenpeace obtuvo una parte del informe.

Entre las tantas observaciones que se destacan en el informe WANO se destaca las siguientes: No se reconoce la cultura de la seguridad como un tema en la planta; el Programa de experiencia en Operación no es una barrera efectiva para prevenir eventos en la planta; no existe un programa para identificar los problemas de desempeño humano; los administradores no tienen un método estandarizado para priorizar su trabajo y resolver las necesidades de la planta; el comportamiento del personal de protección contra incendios fue lento para responder y el personal involucrado no realizó las acciones apropiadas, entre otros aspectos.

En abril del 2000, el británico John Large, director de la consultora Large and Associates, especializada en estudios sobre seguridad nuclear para diversos gobiernos europeos y asiáticos, realizó un análisis del informe WANO. En él se señala: “Los informes de campo de WANO identifican varias áreas de administración y organización débiles y/o descuidadas en Laguna verde, de manera que de esta planta de energía nuclear, de sus estructuras de organización y administración corporativa podría considerarse que están al borde de falla institucional. La falla institucional está allí donde los factores y eventos causativos relacionados se combinan y actúan de tal manera que derrumban el sistema completo”.

El juicio de John Large es claro: “Los informes de campo de WANO sugieren que Laguna Verde no está simplemente empantanada, sino profundamente encaminada hacia una falla institucional”.

La falla institucional, explica Large, causó los accidentes nucleares de Windscale (1957), la Isla de Tres Millas (1979) y Chernobyl (1986). 

Por su parte, David Louchbaum, uno de los más destacados especialistas independientes en seguridad nuclear de Estados Unidos, y a quien también se le entregó una copia del informe WANO, señaló que la central nuclear de Laguna Verde requiere estar clausurada, por lo menos, un año y medio para resolver sus irregularidades. El investigador resalta: “Es evidente que Laguna Verde no tiene personal ni los recursos financieros necesarios para alcanzar y mantener los estándares de seguridad adecuados… De ocurrir un accidente en cualquiera de los dos reactores, con tantos problemas de seguridad como los documentados por WANo, incluso en el caso de que no existieran más, las consecuencias pueden ser desastrosas.”

En 2002, Greenpeace y el Grupo Antinuclear de Madres Veracruzanas presentaron 22 documentos internos de Laguna Verde que resaltaban fallas en el funcionamiento de la central nuclear. En ese mismo año, Greenpeace denunció que los reactores de la central fueron desactivados por una emergencia durante una inspección realizada por integrantes de una comisión investigadora parlamentaria a finales de enero.

El 3 marzo de 2005, el reportero Israel Rodríguez informó en el periódico La Jornada que “de acuerdo con el Plan de Mejoras de la Gerencia de Centrales Nucleoeléctricas (GCN) de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), Laguna Verde presenta actualmente un total de 3 mil 800 problemas pendientes de resolver que van desde la confiabilidad del equipo, recarga de combustible, hasta paros y reducción de potencia no programados, lo que está asociado con 5 mil 200 acciones correctivas”. 

En los últimos meses, Laguna Verde ha registrado dos incidentes. A fines del 2005 se produjo un pequeño incendio en el tejado del edificio donde se encuentra uno de los dos reactores, que tienen uranio enriquecido. Mientras el 5 de marzo de 2006, se cerró uno de los dos reactores, después de que se dañó un cable eléctrico que va al motor, según informó el subsecretario de protección civil de Veracruz, Ranulfo Márquez Hernández. 

Pese a todas las evidencias en su contra, Laguna Verde sigue funcionando e incluso cuenta con la certificación internacional de calidad ISO 9001, otorgada por el gobierno mexicano. No sólo eso, recientemente, el secretario de energía, Fernando Canales Clariond, informó que se invertirán 800 millones de dólares para ampliación de la planta nuclear, en donde también se construirá un depósito de residuos tóxicos.

La planta nuclear sólo genera 3.6 por ciento de la electricidad de México.

 
   
   
 
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