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Una versión de la historia del movimiento antinuclear veracruzano
 
 
   
 
 

El movimiento antinuclear veracruzano

Pedro Lizárraga Cuevas *


Hace diez, once, doce, trece años, (treinta y tres, treinta y dos, treinta y uno, treinta años -nota de la redacción-) , la actividad política, cultural y científica de la ciudad de Xalapa y de buena parte del Estado, se vio alterada por una ola de la que no se tenía noticia ni antecedente. Primero aparecieron conferencias y pláticas en auditorios formales, luego el diálogo se fue a las plazas, barrios, sindicatos e iglesias de las ciudades y de pequeños pueblos.

De ahí surgieron las primeras movilizaciones, unas que no pasaban de dos decenas de personas, lo que no dejó de sorprender al respetable, pero conforme se generalizó la idea, las marchas se convirtieron en multitudinarias a lo largo de la geografía veracruzana y del país. A la par de la discusión y la participación popular, también se desató una amplia campaña de creación artística en la que no faltó la danza, la poesía, el cartel, los videos, la fotografía y la música.

¿El motivo? La sociedad expresaba su duda e inconformidad ante la decisión de sus gobernantes de poner a funcionar una central nuclear en pleno centro del Estado, en medio de los grandes centros poblacionales y cubriendo extensas áreas productivas de todo tipo. A los pescadores y agricultores, a los dedicados a la ganadería, a las amas de casa, en fin, al ciudadano común y corriente no le quedaba claro qué se proponía el gobierno con la terminación y puesta en operación de una planta generadora de electricidad que funcionaba a base de energía nuclear. ¿Era conveniente? ¿En verdad implicaba riesgos? ¿Se afectaría el suelo, el agua, el aire? ¿Se generarían enfermedades? ¿Política y económicamente no le afectaba al país ni al pueblo?

La que se hacía esas preguntas era la sociedad de mediados de los años Ochenta, de largo cuño unipartidista, creada y conformada bajo la concepción del partido de Estado, donde el Presidente era y es la figura central, con la diferencia que hace más de una década pocos dudaban de su honorabilidad a pesar de haber padecido a Diaz Ordaz, Echeverría, López Portillo v tener permanentemente en periódicos y televisión a la abotagada imagen de De la Madrid.

La relación PRI-Presidente en el despiadado asesinato masivo de Tlaltelolco ciertamente redujo la aceptación de millones de mexicanos pero no fue suficiente. Hubo de padecerse la docena trágica en lo político y lo económico de los populistas, pero aun así el mexicano no se hacía a la idea de la maldad e ineptitud de sus gobernantes incrustados en el partido único. Ese favor se les debe a los neoliberales quienes además de haberse: hecho más ricos con sus negocios en el narcotráfico prácticamente dieron lugar al PAN y al PRD; se han asesinado entre ellos tan a la vista de todos como que siguen libres en Dublín y La Habana: han destruido la economía gracias a sus estudios de lo mismo en Harvard y Yale.

En su paso por el poder, la triada De la Madrid-Salinas-Zedillo acabó con la esperanza de vivir bien de los mexicanos, se han robado el futuro de nuestros hijos y han puesto a una nación de 100 millones de habitantes en condiciones de pobreza y desigualdad como no se tiene memoria.

En esa tradición de gobernar casi 70 años a favor de un grupito de plutócratas que manejan la banca, la industria, el comercio y son propietarios de las grandes y tecnificadas extensiones agrícolas, el autodenominado gobierno de todos los mexicanos decide adquirir una central nuclear, lo que significa jugosas tajadas a dos que tres contratistas. Una vez más se coloca al país como adalid de la modernidad y se cumplen las órdenes de los norteamericanos en los asuntos nacionales.

En esa línea de hacer las cosas no media una consulta con la población del rumbo, no se presenta el proyecto al gobierno del estado "libre y soberano" de Veracruz, no existe constancia de que los cuerpos legislativos hayan analizado el empleo de la fisión nuclear en la generación de electricidad, ni que algunos sujetos de la sociedad hayan cuestionado el lugar donde se instalaría la primera nucleoeléctrica "mexicana". El Gobierno Federal de propio decide cuando y dónde colocará el artefacto dando por hecho que el territorio nacional y la población le pertenecen. Los que gobiernan mandan y no tienen por qué consultar a nadie de sus ocurrencias, y menos si éstas les reportan generosas ganancias.

Como se dice, el señor presidente acuerda que se debe construir una planta nuclear y los vecinos del lugar verán el día de mañana que trascavos y palas mecánicas empiezan a poner cimientos. ¿De qué se trata, preguntará el vaquero que pasa por ahí con su manada? Nadie sabrá darle respuesta. Si acaso algún conocedor del sistema dirá: "Son cosas del gobierno".

Laguna Verde es una imposición absoluta e irresponsable de los que por décadas han mandado en México sin que les importe la sociedad, el suelo nacional, la riqueza que existe y se produce sin que tengan idea del futuro en lo político en lo social y menos en lo ético.

El gobierno que diseñó el PRI concibe que la soberanía plena recae en manos del gobierno, en concreto en la voluntad del señor presidente. El gobierno se compone de varias decenas de hábiles políticos que han sabido hacer y deshacer sin dar cuenta a nadie de sus actos. Decir "gobierno mexicano" es hablar de una familia extendida cuyo origen se encuentra en la Revolución y que al paso de los años ha sabido adueñarse de un país. El cuerpo gobernante se mantiene en el mando y en el usufructo de la nación gracias a conocidos mecanismos de cooptación de disidentes, alianzas con diversas fuerzas económicas y políticas, una profunda corrupción, la manipulación vía medios de difusión, el corporativismo y la eliminación abierta de cualquier enemigo que no se avenga a la negociación.

Otro factor clave de la estabilidad en México es el apoyo recibido del poderoso gobierno de los Estados Unidos, que por su parte ve al "gobierno de los mexicanos" como su aliado incondicional, un vecino siempre dispuesto a entrarle a los más descabellados negocios y que además nunca respinga de que la tajada del león se la lleve el socio americano. En esa medida, la política va a la par de los negocios y todos contentos.

El gobierno "de los mexicanos" impunemente actúa por su cuenta y en esa posición de propietario de la nación, unos cuantos políticos asociados a varias empresas e inversionistas diversos "arreglan" un negocio más con el Banco Mundial y las constructoras norteamericanas que a finales de los Sesenta tienen de oferta la expansión del átomo que estaba de moda después de lo ocurrido en Hiroshima y Nagasaki.

El origen del movimiento

Después de 10 años de haberse lanzado las primeras bombas atómicas, en 1955, el gobierno mexicano con el veracruzano Ruiz Cortines a la cabeza, conforma la Comisión Nacional de Energía Nuclear y para que no quede duda de que se sabe lo que se está haciendo, se nombra director al poeta José Gorostiza. A finales de los años Sesenta, algunos de los chicos que fueron enviados a conocer qué se podía hacer con el átomo, entre ellos Fernando Hiriart y Juan Eibenshutz, convencen a Díaz Ordaz de entrarle de lleno a esta alternativa tecnológica, que además podría prevenir de futuras crisis petroleras y de la previsible declinación de las reservas propias. El término que se usó fue la diversificación energética (Viqueira, 1988, Young Larrañaga, 1988 y García Michel, 1988).

Como parte de la misma historia se dice que entre las zonas que inicialmente se tomaron en cuenta para ubicar la central nuclear "mexicana" fueron Páztcuaro y Valle de Bravo. El proyecto original implicaba un reactor de 500 megavatios con un costo de 128 millones de dólares. A la entrada al gobierno de Echeverría el proyecto sufre transformaciones y se decide -como estamos acostumbrados en este valle de poder- al puro valor del señor Presidente, sus asesores y obviamente las compañías norteamericanas y las instituciones financieras controladas por el mismo país. Ya no será un reactor sino dos, ahora de 654 megavatios cada uno, con un valor de 400 millones de dólares. La planta debería estar en funciones en 1976, al finalizar el sexenio. Por esos mismos años se pensó que no bastaba una sola planta nuclear, por lo que se pensó en la construcción de 20, el total de lo que sería el programa de la entrada de México a la era de la energía nuclear. (Berlín, 1988, Helier, s/f y García Michel, cit).

En un folleto se decía lo siguiente: "El gobierno ha actuado como si la instalación de plantas nucleares en nuestro país fuera un asunto de la exclusiva competencia de los técnicos, funcionarios y contratistas vinculados con la Comisión Federal de Electricidad. Nosotros postulamos que la trascendencia política, social, económica y de seguridad nacional del país, y de la seguridad de cada mexicano, convierte a esta cuestión en un claro asunto propio de la soberanía popular y que las decisiones correspondientes no pueden ser tomadas sólo por alguna autoridad pública, por alta que sea su investidura, sino únicamente a través de una consulta amplia, profunda y generalizada". (CDEM, 1982, p. 13).

Los beneficiarios del programa nuclear fueron la General Electric, que vendió el equipo, y el Banco Mundial, al que todavía se le pagan los intereses por el dinero prestado. Curiosamente, por esos años ese banco ofrecía créditos blandos para ese tipo de industria, la que estaba en promoción por parte, del gobierno de los Estados Unidos. El promotor norteamericano de la Agencia de Energía Nuclear era el mismísimo Henry Kissinger y el negociador mexicano. en la dirección de la Comisión Federal de Electricidad, era José López Portillo (CDEM, 1982). Del lado mexicano, las utilidades se las han divido diversas compañías ligadas al cemento, la construcción de tubos, los grupos políticos incrustados en el sindicato que controla a los trabajadores electricistas y los eternos controladores del sistema Viqueira, cit. y Helier, s/f, cit.)

La elaboración del diseño de la planta nuclear de Laguna Verde a finales de los Sesenta, la construcción física en los Setenta que se retoma con mayor vitalidad en los Ochenta cuando es presidente López Portillo y se carga de uranio y pone en operación con De la Madrid, todo ello nos habla de un proyecto de corte autoritario pues se concibe y se concreta sin el concurso de los supuestos beneficiarios. Por el contrario -¡oh paradoja!- esa sociedad eterna su rotundo rechazo a que se le venda luz sacada de la fisión nuclear por las razones de ser lesiva, peligrosa, y porque no está de acuerdo con esa opción gubernamental.

Laguna Verde sigue un orden sexenal, se va haciendo en la medida de los intereses políticos, estratégicos, de conveniencias de grupo y de empresa. Sirve a propósitos modernizadores de los presidentes en turno y a los compromisos que se contraen con el gobierno estadounidense y sus corporaciones financieras e industriales. En su desarrollo se amalgaman varias lógicas. La primera y la fundamental no es la intención del gobierno mexicano, sino la expansión de la industria norteamericana que después de la guerra promueve la energía nuclear, la triunfante en el conflicto bélico más importante de la historia de la humanidad. La construcción del aparato nuclear exige la creación de centros de transformación de uranio enriquecido, centrales nucleares que en segunda instancia pueden aprovechar el calor convertido en energía eléctrica. Como en todo, a los norteamericanos no les basta su territorio, así que el patio trasero es utilizado como campo de ventas, con lo cual se incrementan las utilidades y permite la maduración de una tecnología (Shoijet, s/f).

Del lado mexicano, los técnicos formados en los Estados Unidos sólo aciertan a pensar en aplicar lo aprendido pero en casa. Con eso también aseguran su futuro personal y ven en el gobierno la instancia a convencer. En la estructura de poder sólo hay un personaje: el presidente. Los presidentes mexicanos, apegados a los ritmos de creación del poderoso vecino, no resisten la tentación de incursionar en tan novedoso instrumento. Con la curiosidad y decisión del presidente es suficiente. Con su voluntad se pueden gastar carretadas de dólares sin necesidad de efectuar estudios responsables, sin el concurso de los ciudadanos, sin que se tome en cuenta su opinión ni sus intereses. De sus posibles derechos... bueno, eso es secundario, absolutamente irrelevante. No es algo a considerar. Lo importante es el progreso ...y los negocios. Y en esa lógica sí que están clavados los señores que son presidentes.

Laguna Verde es un negocio que sigue una expansión del desarrollo ajeno, que avanza al ritmo del compromiso presidencial con los intereses del buen vecino. En ellos se trepan ICA, Tubos de México, Aluminio, Cementos, el SUTERM, etcétera. Lo único que no se agrega es la ponderación de los centros de investigación nacionales y la intervención de juristas, sociólogos y biólogos acerca de las repercusiones de todo orden. Tampoco cuenta qué dice la gente que habita el rumbo del Golfo de México. Si llegan a aparecer columnas de opositores, hay que comprarlos, amenazarlos, desestimarlos. En todo caso el gobierno hace una contracampaña publicitaria para cambiar el curso de las encuestas. Y si todo fallara, pues entonces el reactor se carga, se pone en operación y santo remedio. El que manda en México es el gobierno, no esas decenas de millones que no saben ni qué. Contra la voluntad del presidente ni santo Dios.

Una movilización plural

La edificación de la central nuclear de Laguna Verde, desde los comienzos de los Setenta hasta 1986, había transcurrido con cierta normalidad institucional. Sólo habían campeado acusaciones de ser un proyecto extranacional pues se estaba dirigiendo desde Nueva York con los costos que ello implicaba, la pérdida de control y las consecuentes demoras.

En el periodo habían surgido infinidad de acusaciones por la ausencia de concursos no sólo del reactor sino de piezas y servicios de primer orden. No faltó quien señalara que los mismos concursos estuvieron amañados.

El lapso dio lugar a la polémica de qué convenía más: si el uranio enriquecido o el natural. Obviamente triunfó la opción más cara y la más ligada a la industria bélica.

Heberto Castillo propone reconvertir el proyecto nuclear para que en su lugar queme gas, y no se desperdicie el gasoducto que mandó construir López Portillo en los días de la abundancia y que precisamente pasa enfrente de las instalaciones de Laguna Verde.

Hombres cercanos al programa nuclear, como su director Isidro Becerril Salinas, renuncian, debido a errores de construcción, cambio injustificado de contratistas, apresuramientos, incumplimiento de especificaciones técnicas, daños al segundo reactor. Otros como Jacinto Viqueira, funcionario de CFE, advierte infinidad de errores, corruptelas y es jubilado anticipadamente.

La prensa local tiene en Laguna Verde una fuente permanente para la exhibición de las atrocidades que comete el sindicato electricista dominado por el priísta Carlos Smith. La riqueza e influencia política del personaje y sus amigos crece en la misma proporción que salen a la luz de infinidad actos delictuosos que obviamente, la autoridad del mismo partido permite y solapa.

En 1979 tiene lugar el mayor accidente registrado en una planta nuclear. Esto ocurre en Isla de Tres Millas, Estados Unidos, el cual da lugar a que miles de personas tengan que huir de la nube radiactiva y el costo del daño sea cuantioso (Morones y Esquivel, 1987). Pero es hasta el 26 de abril de 1986, con el accidente en Chernóbil, Ucrania -donde los efectos de la radiación afectan a casi toda Europa, se contaminan varias ciudades soviéticas, fallecen varios operadores de la planta y se provocan mutaciones en seres vivos incluyendo niños-, que los veracruzanos comienzan a cobrar conciencia de que a unos kilómetros de su bogar se está construyendo una planta similar a la rusa, aunque tal vez con peores agravantes de corrupción e ineficiencia (Calvillo, 1988).

Rápidamente varios grupos de amigos se ponen en contacto con organizaciones ecologistas de la ciudad de México que habían hecho el seguimiento tanto de la energía nuclear en el mundo como de Laguna Verde, cuyas advertencias habían sido desoídas hasta el momento. El objeto es que se abran foros de discusión sobre lo que implicaba una central nuclear cercana a las más importantes poblaciones del Estado. A la discusión fueron invitados los funcionarios de la CFE promotores del proyecto nuclear.

El argumento oficial era sencillo y contundente: Laguna Verde es expresión de la modernidad, es segura y confiable, nada ha fallado (Paya Porres, 1994). Los jarochos son ignorantes, se espantan de cualquier cosa. Aquí no se va repetir lo que ocurrió en Chernóbil, los rusos son incapaces pero acá las cosas se hacen bien. Para ello, los responsables del proyecto han sido la General Electric Carlos Smith y José López Portillo, ejemplos de probidad.

Diversos científicos locales y del DF trinan contra el discurso de gobierno y se dedican a exponer la infinidad de motivos que hacen inviable la central nuclear y los posibles riesgos que representa.

El 15 de mayo de 1986 surge el primer grupo antinuclear, con el propósito de reconvertir o cerrar la planta nuclear mediante la movilización social. Junto con los ecologistas del DF se dedican a informar a la población veracruzana de los inconvenientes de una planta nuclear, para la cual jamás se ha tenido la menor consulta ni opinión del pueblo que a final de cuentas es el que paga el proyecto. El proceso de debate con los pronucleares continúa durante meses, al tiempo que se crean comités antinucleares por todo el Estado, especialmente en la zona que rodea a la planta nuclear. El 31 de agosto de 1986 tuvo lugar la primera marcha de la población de Palma Sola a las instalaciones de la central. De ahí tuvieron lugar varias protestas en todo el Estado, Puebla y el Distrito Federal (Guevara 1988, Paya Porres, cit.).

El movimiento logró atraer a la población de forma masiva, se rebasó la línea ideológica, la de creencias, la social y económica. Los mítines y marchas fueron realmente eventos que reunieron a las personas de todos los niveles sociales y culturales. En los hechos, la oposición a Laguna Verde se sobrepuso a los partidos. Como pronucleares quedaron las dirigencias del PRI y el extinto PPS, que con declaraciones y eventos diversos respaldaron el proyecto nuclear.

En las marchas, mítines y festivales, niños, mujeres, hombres de todas las edades, concepciones y estatus económico, exigieron al gobierno la cancelación de Laguna Verde como central nucleoeléctrica. Sólo el empecinamiento terco y ciego del gobierno siguió con su posición. La autoridad se erigió como autónoma, desligada de su población, que es la que aporta los recursos para la creación de la obra pública.

En un volante de la época se pueden enumerar los argumentos del movimiento antinuclear:

"El desarrollo tecnológico no ha diseñado reactores nucleares seguros, como ejemplos están Tres Millas y Chernóbil... La industria nuclear se encuentra estancada. Varios países han dado marcha atrás a sus programas nucleares... Los estudios para la alternativa nuclear en México son insuficientes en lo geográfico, lo social y lo económico. Laguna Verde es una muestra de una mal entendida modernidad y en todo caso representa un negocio para los inversionistas y constructores, quienes jamás tomaron en cuenta a la población que vive en la zona y paga el costo en todos los órdenes".

"Laguna Verde es inviable en términos de dependencia tecnológica, de combustible, de asuntos estratégicos en lo atómico. El uranio que se adquiere se paga con petróleo. El presupuesto original se fijó en 400 millones de dólares, en la actualidad se estima rebasa, los 6 mil millones de dólares ¿cuál es la ventaja? ¿Cuál la utilidad?"

"En la construcción de Laguna Verde se han cometido muchos errores de diseño, se adquirió tecnología obsoleta, por corrupción se ha instalado equipo de menor calidad y resistencia... "Laguna Verde es un acto de autoritarismo que niega el interés de la sociedad".

"No se tiene acabado un plan de emergencia para una contingencia nuclear... A nivel mundial no se tiene una solución definitiva para los desechos radiactivos... La sociedad asume una posición de inconformidad ante la central nuclear y el gobierno responde como si el país le perteneciera, no escucha al pueblo, procede en contra del interés público".

"Hasta ahora la ciudadanía ha dado muestras de inusitada conciencia. Por su parte las autoridades contestan con una campaña de insultos, con argumentos falaces y risibles. Se continúa con el absurdo proyecto nuclear le pese a quien le pese, a riesgo de lo que sea. Laguna Verde no es un asunto electoral, de tierra o simplemente técnico. Lo que está en juego es la soberanía del pueblo frente a la obcecación de los que mandan e imponen sus caprichos y ven en la nucleoeléctrica un negocio particular".

"Obviamente no se pretende para la electrificación del país, como tampoco se tiene nada en contra de los trabajadores de la CFE. Pedimos que Laguna Verde se cierre o se convierta a termoeléctrica convencional". (MAEV, 1987).

El movimiento antinuclear vio el problema de la nuclearización de México, como un asunto sumamente complejo. En un principio se advirtió el riesgo de sufrir un accidente para lo cual no estaba ni está preparada la nación, después se pasó a lo técnico, que abordó el tipo de reactor que se había adquirido, el proceso de construcción, las características de una planta nuclear, la forma como se desbarata el átomo para calentar el agua que producirá el vapor que mueve las turbinas y genera la electricidad.

Luego se vio lo ecológico, pero las cosas no pararon ahí: Laguna Verde implica una inversión de dineros nacionales para adquirir todo el equipo, sostener el mantenimiento, pagar permanentemente el uranio enriquecido, lo cual lleva a la dependencia de todo el ciclo nuclear y a que los gobiernos extranjeros pongan trabas a la venta de material base para la construcción de armas atómicas. Por otra parte, de las 20 centrales nucleares programadas se construye sólo una con dos reactores, lo cual hace más costosa la operación, todo es más caro tratándose de sólo un generador de ese tipo, para colmo obsoleto.

El asunto no termina ahí. Se tiene el asunto de la afección radiactiva a los trabajadores y localidades cercanas producto de la operación regular. Para el gobierno ha sido muy fácil ocultar lo que ira pasado en este lapso con los trabajadores lesionados: con el incremento de enfermedades cancerígenas en toda la zona, con las mutaciones. La política de tapar lo que ocurre, esconder expedientes, amenazar familiares, negar la contaminación que han detectado sus propios laboratorios es similar a esconder la basura bajo la alfombra sin que por ello sé acabe la suciedad. Es como decir que la leche radiactiva que el clan Salinas de Gortari importó de Irlanda, se devolvió y aquí no pasó nada (Morones y Esquivel, cit.).

El problema es también social, político, histórico, jurídico y ético. En última instancia, la soberanía de la nación está depositada en el pueblo, no en unos gobernantes carentes de juicio quienes por intereses y compromisos eluden tina valoración integral del problema y de sus consecuencias en todos los órdenes. El gobierno sólo ve lo técnico y desde la perspectiva de los pronucleares. El presidente tiene el poder de poner a funcionar la nucleoeléctrica pero el análisis que se hizo desde ese lado es limitado, tanto que la decisión cae en la irresponsabilidad absoluta. Desde el mando se tiene la capacidad de decidir, pero se carece de una valoración crítica y que responda a los intereses más amplios de la sociedad.

Como una acción más, miles de veracruzanos interpusieron recursos de amparo contra la construcción de la central nuclear y sus posibles consecuencias. El alegato judicial está centrado en el inalienable derecho de los ciudadanos de no tener lo que no desean. Obviamente las autoridades de ese poder jamás procedieron contra quien continuó con la puesta en marcha de Laguna Verde.

Caracterización del Movimiento

Primero tuvo la virtud de haber sido un movimiento social amplio, que abarcó a todos los sectores y clases sociales, lo cual tuvo mucho de inédito. Al luchar contra un proyecto que afecta a todos, como la contaminación del aire en el DF, la participación social fue masiva y de todos los sectores y grupos. La participación cubrió todo el estado de Veracruz, además de incorporar a grupos de estados vecinos y el DE En el proceso aparecieron personas que libran una lucha similar en varios países del mundo.

De uno que otro ciudadano xalapeño preocupado por lo sucedido en Chernobil y la forma como procedió la Unión Soviética se pasó a una protesta pequeña y aislada, pero a los pocos meses se llegó al reclamo generalizado el que se sostuvo desde mediados de 1986 durante meses y hasta años, hasta la inconformidad masiva y permanente que se dio a causa de la declaración de la carga del reactor el 14 de octubre de 1988 por parte del presidente De la Madrid, a unos meses de dejar el cargo. La Plaza Lerdo vivió día y noche un plantón de niños, jóvenes, mujeres y varones que no entendieron la ciega obcecación de quien se ostentaba como gobernante de los mexicanos. Una mujer, micrófono en mano, vociferaba, que desde ese día, quien estaba en Los Pinos dejaba de ser su presidente.

La movilización fue muy fuerte esos dos años. Casi a diario se sucedían mítines, conferencias, marchas, debates, exposiciones. No sólo en Xalapa, sino en varias ciudades y poblaciones del Estado hubo infinidad de "diálogos" con autoridades, donde los del poder no escucharon ni atendieron, se concretaron a decir que Laguna Verde sería puesta en servicio.

La amplitud de la protesta organizada por decenas de grupos ecologistas y antinucleares dio lugar a un gran número de activistas cuya formación política, ideológica, técnica, era de lo más variado. En la composición de los nuevos y flamantes dirigentes hubo biólogos, artistas, curas, sociólogos, historiadores, camioneros, amas de casa, físicos, desocupados, ganaderos, literatos, políticos, médicos, comerciantes y de todo. Cada comité era comandado por dos o tres personas, y en él participaban una decena de activistas, quienes en un evento llegaban a juntar cien o doscientos inconformes. En las marchas frente a la planta nuclear, en Xalapa, Veracruz, Córdoba, Poza Rica, Acayucan y el Distrito Federal desfilaron miles de ciudadanos.

Lo diverso de un movimiento de esta naturaleza impidió que el gobierno lo desbaratara, mediatizara o incorporara a sus propósitos. Demasiadas mentes lúcidas evitaron en numerosas ocasiones la desviación promovida por los cooptados desde las esferas del poder. Pero la misma amplitud y diversidad permitió que el gobierno infiltrara a sus anchas a sus agentes tanto informativos, como los que pretendieron salidas falsas y aquellos que animaron la provocación.

No faltó la práctica de la represión selectiva de bajo nivel. A los compañeros destacados se le sometió a vigilancia, se les hostigó en casa y trabajo, se interfirieron líneas telefónicas, se les acosó permanentemente, se llegó hasta el secuestro políciaco. Sin embargo, el tipo de represión elegida no alcanzó la violencia física y hasta donde se sabe, no hubo heridos ni muertos.

De ninguna manera se escapó a la compra de compañeros. Algunos ganaderos fueron presa fácil de amenazas como la quema de sus propiedades, no resistían la suspensión de créditos o la intimidación directa. En el mismo sentido, más de un ganadero se dejó llevar por la oferta de una presidencia municipal y se olvidó de su lucha. Varios activistas destacados también fueron seducidos por el halago o por el otorgamiento de un trabajo, con lo cual se mediatizó su participación. Algunos se fueron de la ciudad y a la fecha, tal vez la vergüenza les impida aparecer públicamente como era su costumbre. Los cínicos se han acomodado en partidos y movimientos diversos, cambian de color y de convicciones con frecuencia, de acuerdo a la mejor oferta del momento.

Se entiende que la necesidad es mucha y el compañero siente que se puede chiflar y comer pinole. Más de un grupo "antinuclear", encontró en el movimiento su modus vivendi, ya sea cobrando en el gobierno, aunque también obteniendo dividendos de los boteos y cooperaciones. Algunos dirigentes de organizaciones sociales, por un lado organizaban marchas supuestamente contra la central nuclear y por otro recibían cemento, despensas y láminas de cartón "producto de la negociación".

Un aspecto importante más fue que el movimiento careció de recursos. Lo obtenido fue producto de cooperaciones voluntarias, del boteo, la venta de posters, calcomanías, folletos, cassettes, camisetas, cantidades que se gastaban de inmediato en la elaboración de más material de difusión, en el alquiler de autobuses en una marcha, el costo de los desplegados de prensa. Pero nunca se tuvo dinero. Al crearse la Coordinadora Nacional Contra Laguna Verde (Conclave), Ofelia Medina y Feliciano Béjar ofrecieron una cantidad respetable donada por una fundación internacional, pero sólo se dispuso del dinero mínimamente en la elaboración de diversos artículos de difusión, los que a la postre se obsequiaron en su mayor parte. Jamás se contó con recursos para rentar un local o tener teléfono; siempre se laboró en casas de los activistas, los medios de trabajo fueron los que aportaron ellos mismos, el tiempo dedicado a la actividad fue el que se pudo sustraer a la familia o a la actividad laboral de cada quien.

Con todo lo criticable en un movimiento de masas, en todo momento imperó la dirección colectiva, en la cual no disponía el físico el químico o el antiguo ecologista sobre el economista, o en todo caso había el contrapeso de los taxistas, colonos, profesores. El colectivo resolvía, tomaba las decisiones y se responsabilizaba de las acciones realizadas. La acción de los eternos oportunistas no prosperó y en la mayoría de los casos las posiciones oficialistas fueron derrotadas por el análisis y la votación de asamblea. En esas circunstancias, el movimiento no se vendió ni el gobierno pudo manejarlo a su antojo. Al final, se ordenó la carga del reactor, se puso en operación a la nucleoeléctrica, pero el movimiento se mantuvo firme en su posición intransigente de "No a Laguna Verde Nuclear".

La infinita heterogeneidad en la composición dio lugar a lo esencial del movimiento. Lleva a que la dirección sea colectiva y que las decisiones se tomen en asamblea y democráticamente. Se impide la manipulación de un grupo, un sector, un tipo de formación intelectual o la habilidad de tal o cual individuo. La acción diaria, el debate, las pláticas con el gobierno, incorporaron e hicieron valioso el concurso del artista, la madre de familia, el pescador, el químico, el especialista en asuntos de meteorología, el dirigente de un sindicato, el maestro con sus alumnos. Si de análisis se trataba, aparecía el físico, el sociólogo, el economista, pero en otras ocasiones lo importante era la obtención de fondos para un desplegado y ahí estaban recorriendo calles y plazas decenas de jóvenes; en momentos críticos lo fundamental era movilizar a la población y eso era resuelto por activistas en sindicatos, escuelas, asociaciones de ganaderos. Todo mundo fue muy útil.

La diversidad de participantes conduce a que se construya un pensamiento versátil que intentó abarcar el problema en su totalidad, y en ese sentido fue profundamente crítico y radical. La expresión más acabada de lo que ocurría fue dada por Manuel Camacho Solís, a la sazón secretario de Ecología, quien en un auditorio de la CFE en la ciudad de México se hizo acompañar de la plana mayor de pronucleares. El encuentro, uno más de los muchos que se dieron, tenía el propósito de convencer a los antinucleares de las bondades de la energía atómica: Contrario al deseo del secretario, el equipo pronuclear fue absolutamente incapaz de ofrecer respuestas satisfactorias a los cuestionamientos que por horas hicieron los inconformes. Esas decenas de personas con las formaciones más diversas, algunos con preguntas sencillas, otros ofreciendo datos y concepciones irrebatibles, llevaron a la exasperación al secretario de Ecología, quien ya fuera de sí tomó el micrófono y delante de todos, sin recato alguno, exclamó: "¡Lo que pasa es que ustedes nos quieren dar en la madre!"

En otro evento, organizado por el PPS en Casa de Artesanías de Xalapa, el ingeniero Héctor Luna Lastra informaba del destino de los desechos radiactivos que produciría Laguna Verde. En su decir, esa basura se depositaría en un lugar aislado de la gente, seguro, estable geológicamente, donde jamás llegara a afectar a nadie. Al final de su exposición, una preparatoriana le preguntó si le podía indicar dónde estaba ese lugar. Luna Lastra empezó a insistir que en un lugar seguro. Y la chica una y otra vez le cuestionó que dónde estaba ese lugar. Molesto ya, el vocero de la CFE remarcó una y otra vez que en un lugar seguro sin señalar dónde.

Y exactamente eso es lo que sucedía. Los antinucleares llegaron a conformar un pensamiento sumamente completo en todos los aspectos que pudiera implicar un desarrollo nuclear en un país del tercer mundo. La concepción abarcó lo social, económico, técnico, jurídico, médico y todo lo relacionado. Fueron muchas mentes actitudes y saberes que se conjuntaron. Experiencias y formaciones distintas, en la universidad y en el campo, el sentimiento, lo histórico. La síntesis lograda después de meses de discusión fue muy superior a la monotonía temática del gobierno, que sólo alcanzaba a repetir gastados argumentos, carentes de significado, de lógica, de sentido común.

Lucha por la credibilidad

Seguramente ese pensamiento amplio y total de los antinucleares fue lo que impidió que se doblegara el movimiento. En todo caso, Laguna Verde entró a funcionar no por la debilidad o carencia de razones de los opositores. Funciona de hecho, por la fuerza de un poder incapaz de pensar y de convencer ante el cual sólo sobrevive el ánimo del grupo Madres Veracruzanas, que lleva más de 10 años de tenaz oposición y denuncia.

El movimiento antinuclear tuvo la virtud de conciliar la explicación de científicos diversos con el discurso popular. Las problemáticas social, técnica, ecológica y económica pudieron plantearse en términos sencillos que la sociedad entendió y pudo reproducir en el hogar, la fábrica, el ejido o la escuela. En la movilización social, especialistas y ciudadanos sin mayor formación lograron comunicarse y entenderse sobre los motivos que hacen inviable y convierten en un peligro permanente una planta nuclear ubicada a unas cuantas decenas de kilómetros de sus domicilios.

Es muy interesante que miles de personas que no tenían la menor información acerca de una planta nuclear en pocos meses se hayan dedicado a estudiar y discutir sobre las características de esa industria y sus implicaciones, y al final se haya dado un dominio del tema que frecuentemente puso en aprietos al gobernador, secretarios de estado y a los propios técnicos pronucleares.

En ese sentido, la campaña gubernamental de inundar los medios de información con las aclaraciones de supuestos científicos enfundados en batas blancas no tuvo efecto. Por el contrario, la posición de "no pasa nada y todo está bien hecho", careció de credibilidad. El gobierno llegó al extremo de contraponer en su propaganda al científico "seguro y conocedor" con la aparente "ignorancia" del ama de casa o el campesino. En realidad esas personas tuvieron muy claras las razones de su protesta. La movilización popular en todo momento estuvo respaldada por estudiosos de todo orden y por una amplia documentación sobre los inconvenientes de las nucleoeléctricas, que día con día encuentran más debilidades en lo económico,, la salud y lo ético.

Si de algo careció el gobierno fue de ética. Siempre evidenció que no iba a tomar en cuenta la opinión de la ciudadanía ni le importaban los argumentos que se expusieron. Desde un principio la decisión estaba tomada: Laguna Verde iba a funcionar pasara lo que pasara. Eso quedó muy claro cuando se pidió que se hiciera una auditoría técnica con la participación de técnicos imparciales. La revisión se hizo, pero no hubo técnicos imparciales, todos eran consumados promotores de la energía nuclear. En lugar de elaborar un concurso, como se ofreció, el gobierno contrató aun grupito de seis ejecutivos de centrales nucleares españolas. Para colmo, para revisar toneladas de papeles, planos, expedientes y checar miles de tubos, selladuras, pisos enteros de dispositivos de todo tipo, les bastó una semana. Con todo, el reporte denuncia insuficiencias, torpezas, faltas de previsión, ausencia de capacitación del personal, etcétera.

La posición del gobierno fue dogmática y sesgada. Su propaganda se centró en dos cosas: insistir en la seguridad de la central nuclear y descalificar al opositor. Ninguna de las dos resultó cierta. En todo su proceso, Laguna Verde ha representado una cadena infinita de errores como la falta de planeación, un lugar impropio y altamente poblado, un costo exorbitante y alto riesgo de accidentes.

A los pocos meses de operación se había contaminado radiactivamente el entorno y se optó por negar y esconder los lesionados por radiación. Nunca ha habido un plan efectivo de emergencia: hasta el día de hoy los albergues son las escuelas de la región, sin agua ni condiciones mínimas de permanencia y atención. Laguna Verde, más que una central nuclear, se parece a un candidato priísta al que durante la campaña se le endilgan todas las virtudes imaginables, y ya en funciones se olvida de lo ofrecido, hace lo contrario y desdeña al elector.

El actual modelo de desarrollo, sustentado en el menor costo posible, la maximización del consumo, la absoluta irresponsabilidad sobre lo que se ocasione, la industrialización desenfrenada, el agotamiento de recursos naturales, la emisión de tóxicos gaseosos, sólidos y líquidos, ha provocado graves daños a las condiciones que hacen posible la vida del hombre sobre el planeta. En el fondo eso es lo que implicó la lucha de miles y miles de veracruzanos contra Laguna Verde nuclear: la movilización consciente de un pueblo que no acepta que sus gobernantes actúen como dueños del espacio, vidas y derechos.

El modelo de desarrollo privilegia las acciones de las grandes empresas destructoras del ambiente y sumamente contaminantes, como PEMEX y la CFE. Los desarrollos agrícolas, ganaderos y pesqueros usan y abusan de los recursos sin que el gobierno ponga medida alguna. En la protesta antinuclear fine evidente que el gran protector de la empresa nuclear fue la Secretaría oficial encargada de resguardar al ambiente y el gobierno en su conjunto. No es de otra forma, no hay un desarrollo sustentable que permita la preservación de la naturaleza. Lo que se tiene es el fomento de las diferentes industrias destructoras y lesivas al ambiente. Lo que importa es continuar con el modelo de desarrollo imperante. Ante eso, las posibilidades del ciudadano común de proteger la naturaleza e incluso de destruirlo, al tirar con descuido una bolsa de plástico, son insignificancias (Hildyard, 1991).

Enseñanzas

El movimiento contra Laguna Verde prodigó muchas enseñanzas a los participantes. No sólo permitió que la población en general se enterara que la nucleo eléctrica, pintada por el gobierno como algo complejo e imposible de entender, se sustentaba en el viejo principio de calentar agua y aprovechar el vapor.

La gente no se quedó en la discusión técnica. El intenso debate social llevó a una comprensión cabal de lo social, lo económico y lo político que impulsaba el proyecto nuclear; por lo mismo se tuvo conciencia que el gobierno no iba ceder, así se le demostrara lo absurdo de su proyecto. Lo que estaba en juego no era una polémica de discursos, aunque sí era indispensable adentrarse en la propuesta oficial, la cual no era técnica sino una defensa de los intereses que ha sostenido por décadas y contra eso sólo quedaba la movilización. La ciudadanía entendió que los derechos se hacen valer, no son una concesión de los que mandan.

Se tuvo la capacidad de pasar de la apariencia de una vasija enorme con una tapa de varias toneladas a lo que significaban las negociaciones económicas, los turbios negocios de los bancos que ofrecen productos de dudosa modernidad, la defensa lerda de políticos metidos a ecologistas y físicos nucleares. La comprensión de lo que se había instalado en Palma Sola, llevó a una sociedad interesada a saber qué es lo que estaba en juego, cómo funcionaba, qué riesgos implicaba. Eso obligó a los ciudadanos a prepararse y discutir sobre los aspectos legales, sociales y éticos. Muchas personas lograron ver el problema en su enorme complejidad, y entendieron que se tenía el derecho de decir NO a los que supuestamente actúan al servicio de la sociedad.

Por lo menos a miles de ciudadanos les quedó claro que el gobierno sirve a las empresas fabricantes de tubos, a los bancos norteamericanos y está coludido con los líderes corruptos; pero en ningún momento el gobierno actúa a favor de la sociedad ni le interesa en lo más mínimo la preservación del ambiente.

La población logró mantenerse firme hasta el final, hasta que los señores presidentes, como dueños del país y de sus súbditos, ordenaron que la planta funcionara contra todo derecho y razón. Con su participación en la lucha antinuclear, muchos ciudadanos descubrieron la lógica descarnada del poder. El movimiento demostró que con una composición plural y con la voluntad de responder a motivaciones que a todos interesan, la sociedad puede regirse honestamente, con la participación de todos.

No se pudo impedir que el gobierno contamine radiactivamente al Golfo de México, perjudique a millones de habitantes asentados a su alrededor ni que se lesione a los ecosistemas, pero esa lucha ha impedido que alguien se atreva a instalar en otra parte del territorio nacional un artefacto similar. Millones de mexicanos saben de qué se trata la modernidad del Banco Mundial, de la General Electric y del PRI. Es de sobra sabido a quién sirve el señor presidente, y eso es todo un triunfo.

Bibliografía

  • Berlín, Thomas. "Laguna Verde, ¿el próximo desastre? La verdad oculta que todos debemos conocer". Planeta, México, 1988.
  • Calvillo, Alejandro. "La falacia nuclear: una historia negra". En Arias y Barquera (comp.) ¿Laguna Verde nuclear? ¡No, gracias!, Claves Latinoamericanas México, 1988.
  • Comité de Defensa Ecológica de México. "De otro modo". N° 1, GDEM; México, 1982.
  • García Michel, Hugo. "Más allá de Laguna Verde" Posada, México, 1988.
  • Guevara, Genaro. "De la sociedad anónima a la sociedad civil: el movimiento antinuclear y ecologista veracruzano". En Arias y Barquera (Comp.) ¿Laguna Verde nuclear? ¡No, gracias Claves Latinoamericanas México, 1988.
  • Helier, Roberto. "Laguna Verde: el gran engaño ". s/e, s/f.
  • Hildyard, Nicholas. "Ecología de la liberación ". Tierra amiga, No. 1. Montevideo, 1991.
  • Movimiento Antinuclear y Ecologista Veracruzano. "Razones por las que la sociedad se opone a Laguna Verde". MAEV volante de calle, Xalapa, 1987.
  • Morones, Armando y Esquivel Javier. "Laguna Verde ¿Contribución de México al holocausto pacífico?" Ediciones El Caballito, México, 1987.
  • Paya Porres, Víctor Alejandro. "Laguna Verde: la violencia de la modernización. Actores y movimiento social". Instituto Mora-Porrúa, México, 1994.
  • Shoijet, Mauricio. "Las respuestas y el aparato". UAM, México, s/f.
  • Viqueira, Jacinto. "Contribución a la historia de Laguna Verde". En Arias y Barquera (Comp.) ¿Laguna Verde nuclear? ¡No, gracias!; Claves Latinoamericanas México, 1988.
  • Young Larrañaga, Jorge. "Laguna Verde: de elefante blanco a bomba de tiempo". En Arias y Barquera Comp ¿Laguna Verde nuclear? ¡No, gracias; Claves Latinoamericanas México, 1988.

* Profesor de la Universidad Pedagógica Nacional, sede Xalapa.

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Fecha de publicación: Junio de 1999
 
   
   
 
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