Novedades

     

 

   
 
   
   
   
 
Hubo una vez un “hombre” -ya saben quien.
 
 
Pedro José Bravo Martínez
 
 

Hubo una vez un “hombre”, allá en el inicio de la cuenta de nuestro tiempo, que convulsionó a su pueblo. Se dijo que hizo muchas cosas sorprendentes; milagros. Eran tiempos en que el imperio sojuzgaba a los pueblos y la esclavitud (como actualmente los mineros o los migrantes) era el modo de producción imperante.

Uno de estos milagros, que causo revuelos, se originó alrededor de una de sus prédicas. Era un día como cualquiera y el rumor se esparció suave y sutilmente entre los moradores de aquel poblado, anunciando su llegada para los siguientes días. Los enfermos, los minusválidos, pobres y ricos iniciaron los preparativos para irle a escuchar, unos por curiosidad o morbo, otros por que pensaban que los podía curar de sus males, otros por que ya le habían escuchado y su afecto hacia él se había acrecentado. Los más ricos del pueblo, atentos a la salvación de su alma, estaban a la expectativa de su arribo con cestos llenos de pan, queso, pescado, vino, agua, pues su sermón iba a ser al pie de la montaña que estaba a unas cinco horas de camino.

Por fin llegó el día y “Aquel” -ya saben quien- empezó su prédica por ahí de las 11 de la mañana con una nutrida asistencia, pues al haberse colocado en aquel sitio daba posibilidad a que llegara gente de muchos pueblos dispersos alrededor de la montaña. El “hombre” habló por horas clavando en el corazón de la muchedumbre dagas de dudas y esperanza hasta que se asomó la noche. En ese entonces era difícil -tanto como hoy- y riesgoso que la gente regresara a esas horas por aquellos caminos, pero el que se quedaran implicaba que había que alimentarlos; unos cinco mil, mucha gente, y sólo se contaba con una cesta de cinco panes y dos pescados.

El “hombre” meditó y dispuso que se formaran grupos de cincuenta, y que en cada grupo hubiese por lo menos una de las familias acaudaladas (que iban re-te-pletas de alimentos para asistir al acontecimiento). Entonces, hizo pasar la cesta con cinco panes y dos pescados al primer grupo y les dijo, tomad de ella lo que necesiten, y lo que sobre o no requieran, pásenlo al grupo próximo. Sensibilizados previamente con su prédica,  el monto de lo que se juntaba en cada grupo después de tomar lo necesario o reponer con sus viandas, era mayor al que llegaba, de tal manera que cuando acabaron de pasarse de uno a otro grupo los alimentos, llegó a él -ya saben quien- nuevamente la cesta con la que se inició y once más, re-te-pletas de alimentos.

Realmente el milagro fue que la gente respondiera a su prédica en aquellos tiempos, tan llenos de miseria humana -como hoy-
 
   
   
 
Notas relacionadas
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
  Mercado Mexicayotl
  Xalapa Veracruz
 
Tecnología Mexicayotl