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2. El Anáhuac
 
 
   
 
 

Mesoamérica es, desde la ciencia, la visión del territorio y que al momento de la Conquista (desde la perspectiva náhuatl, que era la preponderante) se denominaba Anáhuac. Esta noción del mundo mantenía las características fundamentales del conocimiento que se venía forjando desde los olmecas. Este caudal de sabiduría concibió procesos culturales que, por estadios, en una línea de tiempo, articularon el discurso de Mesoamérica: las cuatro esquinas, rumbos del universo, sintetizados en la Cruz de San Andrés; la S recostada significando el curso anual del Sol (analema); la espiral como ordenamiento del pensamiento matemático y cronométrico; el sistema numérico vigesimal y la noción de completud interpretada como cero; el método de observación de los astros y el registro de sus ciclos, de sus conjunciones.

Se trata de un continuum civilizatorio de, por lo menos, 5 200 años anteriores al 2012 y que, en términos de la cultura nahua, podía ser explicado como: el territorio, tlalticpac; el cosmos, ilhuicatl; y el tránsito del individuo, de los astros y de las cosas vivas que mueren para su resurgir, el mictlan.

Ilhuicatl. El cosmos ordenado “verticalmente” en 13 cielos, a los cuales:

Los mexica los describían colocándose frente al poniente y contemplando la marcha del sol: allá por donde este se pone, se hallaba su casa, es el país del color rojo; luego, a la izquierda del camino del sol, está el sur, el rumbo del color azul; frente a la región de la casa del sol está el rumbo de la luz, de la fertilidad y la vida, simbolizadas por el color blanco; finalmente, a la derecha de la ruta del sol, se extiende el cuadrante negro del universo, el rumbo del país de los muertos (León Portilla, 1993: 124).

Tlalticpac:

La superficie de la Tierra (tlalticpac) es un gran disco situado en el centro de un universo que se prolonga horizontal y verticalmente. Alrededor de la Tierra está el agua inmensa (teoatl) que, extendiéndose por todas partes como un anillo, hace “lo enteramente rodeado por el agua” (Cem-a-nahuac). El universo se distribuye en cuatro grandes cuadrantes o rumbos, que se abren en el ombligo de la Tierra y se prolongan hasta donde las aguas que rodean al mundo se juntan con el cielo y reciben el nombre de agua celeste (Ilhuica-atl)” (León Portilla, 1993: 124).

Sus límites hacia el sur llegaban hasta lo que hoy se conoce como Nicaragua, cuya toponimia para algunos investigadores proviene de Nican Anáhuac, que significa “hasta aquí el Anáhuac”. Hacia el norte los límites eran abiertos.

Mictlan. En él se encuentran nueve submundos por los cuales se tiene que transitar antes de resurgir. Se trata de la transición, la descomposición y la desintegración de lo orgánico en nueve estadías; allí se guardan las fuerzas celestes y se origina la vida, diaria y anualmente. Es la cueva, el vientre materno. Esta visión de ilhuicatl, tlalticpac y mictlan como visión integral del mundo puede observarse en la representación de la lámina 20 del códice Telleriano-Remensis (Fig. 2).






 
   
   
 
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