Agradecimientos

     

 

   
 
   
   
   
 
La noción de lo prehispánico
 
 
   
 
 

Agradecimientos

 Mi noción de lo prehispánico, delimitada inicialmente por la lectura de los cronistas y de alguna que otra literatura afín, así como por algunas visitas a las principales zonas arqueológicas del país, fue redimensionada gracias a Daniel Nahmad, quien me invitó a participar, en calidad de camarógrafo, a una de las experiencias más fascinantes e impactantes de mi vida. Fue allá en el año de 1987, hace exactamente treinta años. Se trata del hallazgo de “Los gemelos” del Azuzul (en la Loma del Zapote, municipio de Texistepec, Veracruz, muy cerca de San Lorenzo Tenochtitlan) y de sus cabezas olmecas. El paisaje selvático, las enigmáticas y magníficas esculturas, el azoro de la gente ante su develamiento y el proceso de negociación entre campesinos y cacique (operado con destreza por Daniel) me hicieron remontar a los milenios primigenios de nuestra cultura.

Gracias a las generosas pláticas sobre la cultura olmeca sostenidas con el propio Daniel Nahmad, así como con los arqueólogos Ponciano Ortiz y Carmen Rodríguez, se fue forjando en mí una visión más exacta y amplia de esta cultura y de lo mesoamericano. Desde aquellos momentos, desde mi incursión en ese mar de la historia y de la memoria de nuestra nación, abordé un velero que, sin trazo de rumbo fijo, zarpó hacia el horizonte en busca de preguntas y respuestas.

Pasaron muchos años antes de reencontrarme con el siempre generoso Daniel Nahmad. Le mostré un trabajo que había ido desarrollando a partir de la necesidad de entender el significado del glifo atlachinolli (inscrito en el dorso del Teocalli de la Guerra Sagrada), que me había llevado al encuentro del glifo ilhuicatl: la ruta aparente del Sol sobre el horizonte, una S recostada, un analema, presente desde inicios de la línea de tiempo mesoamericana. Este trabajo fue presentado en el recinto cultural Café Teatro Tierra Luna, propiedad de Marisol Marcué y Miguel Gómez, quienes abrieron generosamente sus puertas para la disertación. En la presentación participaron el Dr. Alfredo Zavaleta, el médico y maestro en Derecho Isael Cantú y el siempre informado y lector apasionado Jahaciel García. También ahí conocí a José Islas, profundo conocedor de la cultura nahua y quien ha sido fundamental para el desarrollo posterior de este trabajo: es la voz originaria en el documento.

Ya con el antecedente de la presentación y un primer documento listo, Daniel me alentó proporcionándome algunas lecturas e invitándome a una de las sesiones del seminario del maestro Alfredo López Austin (de quien no puedo abundar más, por su obra y su capacidad discursiva, que su propio nombre). Posteriormente, mi estimado amigo y maestro Daniel también me brindó la posibilidad de presentarme como invitado en un próximo Coloquio de Arqueoastronomía, en el Tajín, a mediados de marzo del 2015. Allí tuve la oportunidad de conocer al prolijo arqueoastrónomo Stanislaw Iwaniszewski y a la innovadora arqueóloga Patricia Castillo. Ambos fueron generosos en sus comentarios y en su trato; me sentí profundamente honrado por conocerlos. También, a instancia de José Islas, tuve el placer de conocer al arqueoastrónomo David Wood y a uno de los sabios del mundo nahua: el maestro Arturo Meza.

En este proceso (digamos) de indagación y diálogo, el trabajo también fue presentado ante diversas amistades, especialistas e interesados en el tema, tomando nota de sus comentarios y dudas. Algunos de ellos son Guillermina Krause, Francisco Mendiola y mi estimado amigo y camarada Donato Flores Soto (de quien me vi favorecido con el obsequio de libros fundamentales para este proceso), así como Horacio Guadarrama y Miguel Molins, a quienes agradezco su permanente paciencia e interés.

Con preguntas, comentarios y dudas me fui acercando al tema que hoy se trata aquí: el tiempo en Mesoamérica y que, en posterior presentación se llevó a cabo en el auditorio del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Veracruzana (UV), espacio que cedió la directora del Instituto, la maestra Filiberta Gómez. En esta presentación, dos intervenciones fueron decisivas para las conclusiones. En primer lugar, Miguel Casillas, del Instituto de Investigaciones en Educación, también de la UV, puso en el tapete de la mesa de discusión la posibilidad de que Venus fuese el anclaje de las observaciones de la jícara celeste. Daniel Nahmad, por su parte, planteó que más allá de grandes respuestas se configuraban grandes preguntas. Mi más sincero agradecimiento por guiarme en esta travesía, a todos ellos, que son maestros, sabios y herederos de la figura social que fue el sujeto de transformación —aún presente en la memoria y en la praxis de nuestras comunidades originarias— y la base del desarrollo del pensamiento mesoamericano.



 
   
   

 
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